19-10-2016
Por Miriam H. Alegría, DGDC-UNAM
Tic tac tic tac… el reloj suena y es hora de levantarse para ir a la escuela. Hoy es uno de esos días en los que tienes que exponer frente a tu grupo, pero hay algo en ti que taladra en tu cabeza, es tu compañera en las situaciones bochornosas y en la interacción con tus compañeros de clase. ¡Es la Pena! Todos la padecemos en alguna situación a la que nos enfrentamos, pero no todos sabemos controlarla.
La pena, como explica la Dra. Anja Eller, investigadora del Laboratorio de Relaciones Intergrupales en la Facultad de Psicología de la UNAM. “Es una emoción auto-consciente, como también lo son la vergüenza, la culpa y el orgullo, y que requiere auto-reflexión y auto-evaluación.”
La pena, se entrelaza con el miedo en ciertas situaciones bochornosas, al igual que con la vergüenza que es mucho más intensa, y se asocia con transgresiones morales más que normativas. Es posible experimentar la vergüenza cuando uno está solo, mientras que la experiencia de la pena está estrechamente ligada a un contexto social. Esta emoción también puede desencadenar risa y humor, contrario a la vergüenza.

Generalmente cuando el individuo se encuentra en la adolescencia entre la secundaria o la preparatoria, la causante de muchos de sus males es: La pena, una infracción social de la cual se puede volver obsesivo, pues la única preocupación es “encajar bien” entre los pares o los iguales. Situaciones penosas son las que rompen este intento de pasar desapercibido, convirtiendo al individuo por algunos minutos en el foco de atención.
“Los adolescentes se preocupan mucho acerca de su reputación social y las percepciones de los demás. Esa es la razón por la cual son el grupo de edad que experimenta más pena. Las opiniones de los pares importan más que las opiniones de los padres, profesores o la sociedad en general.” Señala la doctora.
Por ejemplo, en un estudio realizado por la profesora, se examinó la disposición de 256 alumnos de dos escuelas preparatorias en el Distrito Federal, de aceptar condones gratis. El condón (masculino) es el único método que protege de casi todos los tipos de enfermedades transmitidas sexualmente, incluyendo un alto grado de protección contra la infección por el VIH. Además, es eficaz para prevenir embarazos no deseados.
Adquirir condones, es algo que normalmente está asociado con mucha pena. Los resultados del estudio, mostraron que casi todos los participantes pidieron o aceptaron por lo menos un condón. Aun así, hubo efectos fuertes y significativos relacionados con la membresía grupal de las repartidoras de condones. Cuando los estudiantes pensaban que las repartidoras provenían de escuelas con mayor estatus, los alumnos pidieron menos condones; mientras que cuando creían que las repartidoras venían de la escuela con menor estatus los alumnos pedían más condones.
Cuando se experimentan altos niveles de pena, puede llegarse a clasificar como una enfermedad llamada: fobia social. Todos estamos expuestos a ella. Por ejemplo, cualquiera se puede poner nervioso cuando conoce gente nueva o da una charla en frente de un público grande. Las personas que sufren de fobia social, se preocupan de estos eventos semanas antes de que ocurran.
Los fóbicos sociales, son individuos que temen hacer cosas bastante comunes frente a otros, como por ejemplo: comer, beber o usar un baño público. La mayoría de las personas con fobia social, no pueden controlar su miedo. A veces ni siquiera frecuentan lugares o eventos donde puedan enfrentar una situación penosa.
Dicha enfermedad, normalmente empieza durante la adolescencia. Se diagnostica cuando una persona ha tenido síntomas durante un mínimo de seis meses. Sin tratamiento, puede durar años o toda la vida. Pero ¡No todo está perdido! Existe un tratamiento que incluye psicoterapia y, a veces, fármacos como los ansiolíticos o anti-depresivos.
¿Crees que eres penoso? ¡Checa estos síntomas!
La pena se acompaña de síntomas como: huida, evasión, humor, explicaciones, disculpas, restitución, agresividad y conformidad. Pero a veces incluyen un comportamiento solicito, incluso hacia personas que no atestiguaron el incidente penoso.
Físicamente, la cara también puede delatar pena, y la señal más obvia es sonrojarse o que se oscurezca la piel de las mejillas, orejas, o toda la cara. Además de experimentar una sonrisa no genuina o nerviosa, (también llamada sonrisa no Duchenne) que involucra los músculos alrededor de la boca pero no aquellos alrededor de los ojos.
La persona apenada además, mira hacia abajo y a la izquierda. Evadiendo a la audiencia o cubriendo su cara con las manos. Algunas personas penosas tratan de dejar la situación lo antes posible mientras otras parecen quedar “congeladas” en su lugar.
Finalmente, si te consideras penoso a la hora de interactuar ¡no te preocupes! por lo general dicha situación pasa rápidamente y la gente se olvida o se ríe después con sus amigos. Recuerda que algunas de las anécdotas más divertidas tienen que ver con las situaciones más penosas.
Claro, que en algunos casos una situación bochornosa puede causar una severa ansiedad social, y la relajación o el cambio de tema, pueden ser métodos frecuentemente recomendados para lidiar con la pena. ¡Rebélate y libérate de esta emoción!
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